[La ciudad]
Esta vez el retorno a la ciudad fue como el de cualquiera, solitario
y en calma; con una sensación extraña en su espalda.
La mañana le fue más gentil, y le permitió ver los dibujos de su piel
mientras eran acariciados cálidamente por el sol. Para cuando
llegó a la ciudad todas habían desaparecido, menos la que quedaba
siempre en medio de su pecho; a veces como hermosos dibujos,
muchas más, amorfa, casi líquida.
El pelo le tapaba los ojos y un par de lentes y una gorra que tenía
desde la infancia completaban la tarea, el camuflaje era perfecto,
pero no lo alejaba de quien era.
Cuando llegó a su casa la rutina seguía allí, esperándolo; pero también
lo hacía su perro, que se entregaba a la oscilación cada vez que le
dirigía siquiera una mirada. Su hocico húmedo lo llevaba a esas noches
felices que le eran tan escasas en la ciudad.
También lo esperaba su compañera, aquella que le parecía tan
distante, pero de vez en cuando, tan parte de sí; era entonces cuando
se hacían líquidos y mataban su individualidad.
El desayuno estaba casi pronto, y las preguntas inquisidoras
habían sido ya abandonadas sin respuesta, pero tornándose comprensión.
Lunes siempre había sido diferente.
Luego, a trabajar, nada fuera de lo común.
La muerte del día lo trastornaba un poco, y lo llenaba de pena,
pero al ser precedido por la noche y al revés, comprobaba que luego
de un período de sufrimiento venía el goce más pleno.
/
[The city]
This time the trip back to the city was like that of anyone,
lonely and calm, with a weird feeling on the back.
The morning was easier on him, allowing him to see the
drawings in his skin, as they were caressed warmly by the sun.
When he got to the city everyone of them had dissapeared.
Except for the one that remained always in the middle
of his chest, sometimes in the shape of beautiful drawings,
usually shapeless, almost liquid.
His hair covered his eyes, and a pair of dark glasses and a cap
he had from when he was a kid completed the task. The camouflage
was perfect, but didn't separated him from who he really was.
When he got home the routine was still there, waiting.
But there was also his dog, which gave himself to oscilation
everytime Monday even looked at him. His wet nose took him back
to those rare happy nights, so scarse in the city.
There was also his partner, the one who seemed to him so distant,
but at times, a part of himself. It was then when they became
liquid and killed their individuality.
Breakfast was almost ready, and the inquisitive questions had
been left unanswered, understanding took place instead.
Monday had always been different.
Then, he had to work, nothing unusual.
The death of the day upset him a little, and filled him with
sorrow. But as it was preceded by night, and backwards, he then
knew that after a period of suffering came the gratest joy.
12.10.2009
La Tríada Escarlata (V) / The Scarlet Triad (V)
12.09.2009
La Tríada Escarlata (IV) / The Scarlet Triad (IV)
[Éxtasis]
Esta vez ya no le proporcionaba calma, sino fervor y deseo,
toda su piel temblaba, y la marcha era tan veloz que parecía levantar vuelo.
Alguna torpe caída se interpuso en su camino, pero sólo por unos segundos,
y reía fervorosamente.
El mar lo recibió sereno, así como lo había engendrado su madre.
El mar siempre lo recibía sereno y lleno de quietud.
Mojó toda su piel con aquella agua casi ingrávida, pero no se atrevió a entrar.
Caminó por el borde infinito, y vio a lo lejos un barco que parecía
luchar furiosamente contra una tormenta que no daba prueba alguna
de su existencia. En él iban los héroes pasados, condenados a librar
aquella batalla para siempre, por tratar de hacerse de una historia
que no les pertenecía. Podía escuchar sus gritos feroces,
no cederían ante la derrota jamás.
Dio un paso hacia delante, y sintió suyas aquellas aguas, pero la
poca humanidad que en él quedaba lo hizo retroceder nuevamente,
aún no era momento de domarlas.
/
[Ecstasy]
This time, going back wouldn’t put him at ease,
but fervent and wishful, all of his skin trembled.
He would go so fast that it seemed as if he would start flying in any minute.
Some clumsy fall got in his way, but not for long;
and he would laugh like a madman.
The sea welcomed him calmed and still.
He weted all of his skin with that almost ingravid water,
but didn’t dare going in. He walked along the infinite shore,
and saw in the distance, a ship that seemed to be struggling
furiouse against a storm which didn´t appear to exist.
In it, there were the heros past, doomed
to fight that battle for ever as punishment
for trying to be part of a story that wasn’t theirs.
Monday could hear their fierce uproars,
they would never give up to defeat.
He took a step forward, and felt those waters his,
but the few humanity that was left on him
made him go back again.
It wasn’t time to tame them yet.
12.08.2009
La Tríada Escarlata (III) / The Scarlet Triad (III)
[Earthly Bounds]
But the roots that held him wouldn't let him free just yet,
he would have to go back to the city until he could let go
of it forever.
The road back was dificult, the marble so cold warmed up his
soul the same way it was when he was cradled by the motherly
tenderness.
And the city reflected in his eyes and marked his skin, just
as much as his father did when he stopped being. The father,
so earthly, when turned himself to the metamorphosis, became
dust, blue and bright. Caressing the beautiful bride, and
at the same time going into his son's skin, making beautiful
drawings, that few times were shown. They morphed and changed
as much as the eyes given by his mother.
The desert, cold and exausting at night, was also a paradise
where he could fully exist.
His lucubrations covered life and filled the atmosphere.
Then he would give his clothes up and submit to his visions,
he would dance with them until he'd fall extenuated.
Then he would see how the radiant dust in the sky was imitated
by his father's memory. And he would laugh like a mad man
until he fell into a deep sleep.
The sun would soon hit his skin, and all the signs would
dissappear. So he would cover his paleness and returned to
the city.
He didn't go back to the desert until two weeks later.
12.07.2009
La Tríada Escarlata (II) / The Scarlet Triad (II)
12.06.2009
La Tríada Escarlata (I) / The Scarlet Triad (I)
12.05.2009
La Tríada Escarlata / The Scarlet Triad
12.02.2009
Breve descripción de Horacio y una tarde cualquiera
Miles de insectos tamizan el paso de la luz solar.
11.28.2009
11.23.2009
11.16.2009
Color Implacable
El reloj de mesa marcaba las 6.30. No se escuchaba ningún otro ruido en el cuarto, salvo el tic tac.
Me debatía entre la conciencia y la inconciencia, prefiriendo la segunda, como si hubiera sido un artista del sXIX en una casa de opio, rodeado de prostitutas del inconciente. Pero esos estados no eran benevolentes hacia mí.
La repetición continua del reloj alimentaba mi ansiedad, que me llevaría pronto a la decadencia.
Vacas chillonas se oyen a lo lejos, repentinas como el relámpago enviado del cielo. Los gemidos ultrajan mi estancado ser, distraen mis fluidos mentales de la tarea primordial y salgo del trance. Pero no dejan de ser más que vacas... chillonas, como el fucsia.
I´m an empty vessel.
De nuevo quedamos aislados el reloj y yo, mi corazón se acompasa con él, y mi cerebro late junto a ellos también. El trance retoma su reinado, y trae con el un tinte de paranoia púrpura.
mmmmmmmmmm... se repite un zumbido en mi cabeza... creación propia.
Siento un golpeteo, a lo lejos, parece de la tierra del Quijote.
Escucho un golpeteo, un poco más cerca, y más real.
Escucho tres golpes, siempre fueron tres. Es la puerta, alguien llama.
No espero a nadie, y no hay nadie a quién pueda esperar. En el piso 6 las llamadas a la puerta son escasas cuando no se espera a nadie.
Me acerco, y miro por el ojillo de la puerta. Del otro lado hay una figura negra.
Espero a un nuevo llamado, espero...
Observo, a centímetros distantes. Distante.
Se balancea sobre un pie y el otro. Espera... espero... desespera. Se vuelve a balancear y apoyada sobre un pie golpea la puerta. Desespero.
Sin pensar demasiado tartamudeo vocablo inquisidor –¿Quién es?
Ufff... ¿sabrá quién es? Y... ¿sabré yo, aún si me lo dice?
/ No sé si el negro era su color realmente, o si la pintura se la dio mi mente /
Levanta la cabeza; una persona común, pero con la mirada vacía, completamente vacía. –Abrime – dijo con voz seca –soy yo.
Siento que la fiebre me toma de improviso, un metal frío sustituye a mi espina.
Me tumbo, me desvanezco de esta realidad. Caigo en el mundo intermedio, ese entre conciencias.
Muy a lo lejos sigo sintiendo la voz de quién llamaba a mi puerta, pero se escucha mucho más el incesante tic tac.
Hay cúmulos de ojos redondeos e inexpresivos que forman parte de alguna especie de criatura. Siento un púrpura intenso en la parte de atrás de mi cabeza intangible. Un ángulo describe la trayectoria curvilínea.
Vapores hielos entran y arremeten contra mi envenenado cuerpo y destilo mares de sal.
Un remolino de sonidos gente se atraviesa y me envuelve.
Colores ignotos me toman por sorpresa.
El lejano recuerdo de alguna canción se repite y se mezcla en mi cabeza, ella baila en forma de poseídas nieblas.
Mil ojos matan la noche, y vive en ella toda la ausencia.
Me despierto entonces ante un estrépito. Veo los miles de ojos redondos que me acompañan siempre, entrelazados por medio de apéndices que desconozco. Se mueven lentamente y mueven a la vez mis ojos.
Doy cuenta de un rostro, de esos tangibles, que me mira y se acerca. Y con él una luz demasiado brillante para mi noche ausencia.
Unas preguntas de demasiada blancura se reflejan en un guardapolvo de igual saturación. Preguntas que son demasiado comunes para describir.
Aparentemente no hay nada fuera de lo común, nada que valga la pena anotarse, aún a pesar de los hechos relatados; médicamente mi estado es muy bueno.
Luego de una noche por demás común, a no ser por el hecho de haberla pasado en un hospital, otro set de preguntas, tal vez un poco más curiosas y definitivamente más incómodas; los temas: drogas, enfermedades mentales, trastornos, tragedias, historia familiar; todas sin respuestas destacables.
Debo confesar que empecé a sentir curiosidad, ya que no tenía la más mínima idea de cómo había llegado a donde estaba, o de qué diablos fue ese estado previo a estos hechos más comunes. Si hubiera sido sólo un sueño no estaría en un hospital.
Con ya dos días de aburrimiento entre unos verdes lavados y enfermizos, por demás pulcros, llenos de falsedad, me elevaron al grado de libertad. Pude regresar a casa.
No antes de infinidad de análisis y exámenes, cabe agregar.
Quien había llamado a mi puerta unos días atrás no se presentó en el hospital, al parecer hubo una llamada desde mi propio celular, que estoy segura nunca hice, y nada más. Los paramédicos tocaron timbre a un vecino para que los dejen entrar y eso fue todo.
Piso 6 nuevamente, a solo instantes de mi cómodo hogar. Unos pasos, dos vueltas de llave y estoy adentro. Todo parece normal. Otros pasos más y me acerco a la sala de estar. Detrás de la mesa ratona que se yergue tímidamente entre almohadones, al ras del piso, yace mi cadáver, ese poluto y lleno de mentiras que no tuvo más remedio que aceptar el ser parte de la sociedad, y con ello su propia muerte.
No recuerdo cuántos días han pasado. En el piso 6 las llamadas a la puerta son casi inexistentes a las 4.30 am.